Ya me iba y creo que te he visto. Me he parado para decirte hola, me has abrazado mucho rato al lado del cartel. Se está tan bien… Como soy un poco cínica he comentado algo sobre la publicidad del cartel. Sin dejar de abrazarme me has dicho que si me gusta iremos a comprarlo. Que bien estar cerca de ti.

(Nadal 2018)

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Vivo en un piso precioso des de hace muy muy poco y me gusta mucho. Hasta ahora he vivido con una compañera de piso pero las cosas me van bien y voy a empezar a vivir sola en este mismo piso. Pero todavía pienso en mi piso antiguo, que sigue a mi nombre, y me da pena dejarlo. Pienso mucho en él, en los momentos vividos, en el encanto de la finca antigua, y en todos los detallitos que hay ahí. Pero también recuerdo el frío que pasaba, el baño tan antiguo y que ahí compartía el piso si o sí. Y estoy con la duda de si dejar el piso antiguo o no, porque me da mucha pena. Lo idealizo.

Hay reunión de vecinos en el piso nuevo y voy a la reunión. Traen comida que han hecho ellos, nos hacemos una foto de grupo, los niños han preparado actuaciones. Y pienso que qué maravilla de gente nueva para vivir. Y luego hacemos un tour por el patio (el piso nuevo tiene patio!) y veo un riachuelo de agua cristalina con pececitos y los niños corren por la piedras del rio, y el río se convierte en piscina y hay varias piscinas y los niños me dicen que en verano se pasan el dia ahí. Y los padres me miran y me dicen que es un planazo y que ellos traen birras y se tumban ahí.

Creo que dejo el piso viejo.

 

Hay una fiesta en este edificio y hay una piscina cuadrada en el patio interior. Me meto dentro y hay mucha gente y sorprendentemente hay olas. Quizá sea por el viento. Veo a unos patos negros recién nacidos como se hunden debajo de una de estas olas y pienso que seguramente morirán ahogados. Me seco y me voy dentro. En la casa están Anna i Lluc, hacia mucho que no les veía. Llega tu amiga y me saluda con esta frase “Aquí està la nostra nena!”. Le saludo con un gesto frío con la cabeza al pasar por su lado. No quiero volver a salir porque pienso en los patos y en qué fuera hay gente que no quiero ver. Me quedo dentro, la cocina está llena de pasteles y mi tia ha traído una caja de porexpan llena de tarta helada de fresa y otra de limón. Los trozos se amontonan dentro de la caja en desorden. Me como uno, nadie lo notará. Minna me enseña su tripa, está a punto de parir. Cuando pienso que la fiesta ya debe haber terminado salgo fuera otra vez. Todavía queda gente. En la piscina veo a unos patos negros que ya han crecido y que nadan confiadamente y disfrutan con las olas.

Mis clases de inglés son cerca de tu casa y decido ir en bici, comer en tu casa y dejar la bici ahí. Tengo llaves de tu casa. Cuando llego al pie del montencito donde vives (es un sitio precioso, lleno de plantas) me doy cuenta de que hace mucho que no hablamos, que aunque tenga llaves no puedo presentarme así y que es una mala idea ir. Me quedo al pie de la montaña pensando que soy idiota. Como no se me ha ocurrido antes. No puedo ir a tu casa porque quizá estés tu. No te llamo para comprobarlo. Me quedo a comer en un bar de la zona. Aparecen algunas amigas que ratifican que he tomado la mejor decisión en no ir. Faltan 4 horas hasta las 6 (mi clase de inglés).

Cuando mis amigas se van decido subir a pie hasta tu casa. A esta hora seguramente no estés. Subo la calle empinada hasta tu casa, y cruzo una especie de laberinto de habitaciones hasta llegar a tu puerta. Por el camino hay habitaciones con pandas de peluche desmontados, miembros del cuerpo de fieltro blanco a tamaño real, bolsas con ropa antigua… finalmente me meto en una casa pero no es la tuya!

He olvidado dónde vivías.

 

De camino al Grand Canyon se nos hace de noche, y yo propongo dejarlo estar y volver mañana por la mañana. Mi padre y mi hermana no ponen mucha resistencia a volver atrás.

Necesitamos llamar y cargar móviles y paramos en una casita a medio camino de la carretera que lleva al Grand Canyon. Abre un señor curioso, alto, con media melena y bigote. Me hablar medio en italiano y medio en alemán, y nos entendemos. Que hagamos lo que necesitemos en su casa, que él se tiene que ir y que cuando salgamos cerremos la puerta.

Cuando ya vamos a irnos, llama alguien al teléfono fijo y yo respondo. Es su hermana. Me habla de él y pienso que me gustaría que aunque el encuentro ha sido breve, seguir en contacto. Cuelgo y pienso en la mejor manera de mantener la comunicación con este señor. Me decido por la carta postal. Busco en su casa algún trozo de papel, algo en lo que escribir. Hay muchos papeles pero no puedo escribir en ninguno. Finalmente encuentro un sobre marrón de burbujas, y pienso que servirá. Ahora no encuentro ningún boli, ni lápiz con punta. Hay un pincel que tengo que mojar en tinta para escribir. La escritura genera unas manchas ilegibles que se expanden mientras escribo.  Intento escribir mi dirección, pero no me salen las letras. Con muchísimo esfuerzo trato de escribir y que se entienda. Cuando miro las letras, veo que me he equivocado de dirección. Tengo que repetirlo. Cuesta muchísimo. ¿Porque me cuesta tanto escribirla? Mi padre y mi hermana empiezan a desesperarse y escribo por segunda vez mi dirección esperando que sea lo suficientemente legible para que no se corte la comunicación.

Al llegar al hotel, mi padre y mi hermana me confiesan que al día siguiente no vendrán al Grand Canyon. Que les da igual verlo que no verlo. Que ya lo han visto en fotos.

Som tres noies amb banyador de purpurina. Elles porten els de purpurina daurada i el de purpurina vermella. Jo m’acabo de posar el de plata. Ens mires a totes tres, t’acostes a mi i t’hi quedes una estona. Penso que et quedaràs sempre amb mi però al cap d’una estona t’acostes a la purpurina vermella. Em sap greu, però ja em va bé perquè havia de marxar.

Dues hores després passo per on t’he deixat i veig que la noia de la purpurina daurada és la que t’ha agradat més. Ja s’ha vestit i sembla que aneu a pendre algo. Et saludo amb el cap i els cabells de la noia són del mateix color que el banyador que portava.

Estoy en un viaje organizado, algo de mi curro, muchas actividades y las duchas prácticamente programadas. Yo me voy antes, eso significa que tengo menos tiempo que los otros para ver todas las cosas que quiero ver en este país.

Después de la ducha de hoy, mientras recogíamos para irnos de excursión, me he colado con otra chica en un coche que va a tu país. 5 minutos y estamos ahí. Nunca hubiera pensado que era tan cerca, hubiera podido venir andando. En la plaza mayor, han instalado una glissade  de plástico para que los niños bajen, pero todavía no hay nadie.

Bajamos del coche y empezamos a caminar y mientras pienso si mandarte un mensaje para verte, te encuentro en la calle con tu mujer. Me invitáis a cenar, o me invito yo, ya no me acuerdo. Hay  mucha gente, bailamos un poco incluso. Me voy sobre las 12, andando.

De camino al coche paso por la plaza que ya está activa con luces y niños bajando. Decido continuar a pie, y veo unas ocas detrás de una valla en un huerto nevado.

 

(10/3/17)