Mis clases de inglés son cerca de tu casa y decido ir en bici, comer en tu casa y dejar la bici ahí. Tengo llaves de tu casa. Cuando llego al pie del montencito donde vives (es un sitio precioso, lleno de plantas) me doy cuenta de que hace mucho que no hablamos, que aunque tenga llaves no puedo presentarme así y que es una mala idea ir. Me quedo al pie de la montaña pensando que soy idiota. Como no se me ha ocurrido antes. No puedo ir a tu casa porque quizá estés tu. No te llamo para comprobarlo. Me quedo a comer en un bar de la zona. Aparecen algunas amigas que ratifican que he tomado la mejor decisión en no ir. Faltan 4 horas hasta las 6 (mi clase de inglés).

Cuando mis amigas se van decido subir a pie hasta tu casa. A esta hora seguramente no estés. Subo la calle empinada hasta tu casa, y cruzo una especie de laberinto de habitaciones hasta llegar a tu puerta. Por el camino hay habitaciones con pandas de peluche desmontados, miembros del cuerpo de fieltro blanco a tamaño real, bolsas con ropa antigua… finalmente me meto en una casa pero no es la tuya!

He olvidado dónde vivías.

 

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De camino al Grand Canyon se nos hace de noche, y yo propongo dejarlo estar y volver mañana por la mañana. Mi padre y mi hermana no ponen mucha resistencia a volver atrás.

Necesitamos llamar y cargar móviles y paramos en una casita a medio camino de la carretera que lleva al Grand Canyon. Abre un señor curioso, alto, con media melena y bigote. Me hablar medio en italiano y medio en alemán, y nos entendemos. Que hagamos lo que necesitemos en su casa, que él se tiene que ir y que cuando salgamos cerremos la puerta.

Cuando ya vamos a irnos, llama alguien al teléfono fijo y yo respondo. Es su hermana. Me habla de él y pienso que me gustaría que aunque el encuentro ha sido breve, seguir en contacto. Cuelgo y pienso en la mejor manera de mantener la comunicación con este señor. Me decido por la carta postal. Busco en su casa algún trozo de papel, algo en lo que escribir. Hay muchos papeles pero no puedo escribir en ninguno. Finalmente encuentro un sobre marrón de burbujas, y pienso que servirá. Ahora no encuentro ningún boli, ni lápiz con punta. Hay un pincel que tengo que mojar en tinta para escribir. La escritura genera unas manchas ilegibles que se expanden mientras escribo.  Intento escribir mi dirección, pero no me salen las letras. Con muchísimo esfuerzo trato de escribir y que se entienda. Cuando miro las letras, veo que me he equivocado de dirección. Tengo que repetirlo. Cuesta muchísimo. ¿Porque me cuesta tanto escribirla? Mi padre y mi hermana empiezan a desesperarse y escribo por segunda vez mi dirección esperando que sea lo suficientemente legible para que no se corte la comunicación.

Al llegar al hotel, mi padre y mi hermana me confiesan que al día siguiente no vendrán al Grand Canyon. Que les da igual verlo que no verlo. Que ya lo han visto en fotos.

Som tres noies amb banyador de purpurina. Elles porten els de purpurina daurada i el de purpurina vermella. Jo m’acabo de posar el de plata. Ens mires a totes tres, t’acostes a mi i t’hi quedes una estona. Penso que et quedaràs sempre amb mi però al cap d’una estona t’acostes a la purpurina vermella. Em sap greu, però ja em va bé perquè havia de marxar.

Dues hores després passo per on t’he deixat i veig que la noia de la purpurina daurada és la que t’ha agradat més. Ja s’ha vestit i sembla que aneu a pendre algo. Et saludo amb el cap i els cabells de la noia són del mateix color que el banyador que portava.

Estoy en un viaje organizado, algo de mi curro, muchas actividades y las duchas prácticamente programadas. Yo me voy antes, eso significa que tengo menos tiempo que los otros para ver todas las cosas que quiero ver en este país.

Después de la ducha de hoy, mientras recogíamos para irnos de excursión, me he colado con otra chica en un coche que va a tu país. 5 minutos y estamos ahí. Nunca hubiera pensado que era tan cerca, hubiera podido venir andando. En la plaza mayor, han instalado una glissade  de plástico para que los niños bajen, pero todavía no hay nadie.

Bajamos del coche y empezamos a caminar y mientras pienso si mandarte un mensaje para verte, te encuentro en la calle con tu mujer. Me invitáis a cenar, o me invito yo, ya no me acuerdo. Hay  mucha gente, bailamos un poco incluso. Me voy sobre las 12, andando.

De camino al coche paso por la plaza que ya está activa con luces y niños bajando. Decido continuar a pie, y veo unas ocas detrás de una valla en un huerto nevado.

 

(10/3/17)

En Mario K., en Bernat M. i l’Oliver L. comparteixen taller. Al final del taller hi ha unes dutxes. En Mario me les ensenya però m’avisa d’una cosa: hi ha rates!

No fan res, són peludes i semblen netes. Però són rates.

En la comunidad en la que vivo y después de lo que ha pasado han tomado una decisión: que nos van a quemar vivos a todos. Parece terrible pero es una solución lógica. Si seguimos vivos probablemente vayamos presos y además que sentido tiene seguir viviendo.

El primer día queman a casi todas las chicas, y a algún chico. Se ponen ellos mismos unos encima de otros, alineados. Yo estoy fuera del círculo, me los miro y pienso que no puede ser. Pero sí, empiezan por quemarles la cabeza (así mueren más rápido, dicen) y cuando el fuego les llega a los hombros ya están muertos. Yo me lo miro des de una esquina, horrorizada, me tapo la cara y grito. Pero soy la única.

Cuando termina la gente se dispersa y yo aprovecho para ir a la gasolinera que hay al lado a refrescarme y a comprar algo. Pienso que mañana me toca a mí. Me invade una angustia enorme y pienso que voy a escribir una carta de despedida a mis padres. Después me viene una idea: si puedo estar en la gasolinera, porque no irme más allá, escaparme.

Preparo discretamente todo lo que necesito: tengo una mochila azul, dentro le pongo un anorak, un saco de dormir, unas zapatillas de deporte y algo de comida. En un lateral hay un bolsillo y veo que hay mi monedero con toda mis tarjetas. Tengo miedo de que me descubran pero intento actuar con naturalidad. Cuando ya lo tengo todo preparado, salgo fuera, hablo con dos o tres personas (supongo que son amigos) y les cuento mi plan. Antes de que tengan tiempo de reaccionar o de convencerme para quedarme me levanto y empiezo a andar. Pero a los dos pasos pienso que me iría bien un candadito para cerrar el bolsillo con mi monedero durante el trayecto. Pienso en volver atrás conseguir el candado y correr el riesgo de que me pillen. Pero decido irme sin candado.

 

M’he comprat un bolso i valia 2000€. És de pell, de color verd. No és verd fosc, més aviat té color d’ampolla. El comparo amb el jersei que porto, que és de color verd, i començo a pensar allò de si he fet bé de triar-lo verd i que si combinarà amb tot el que tinc a l’armari.

Penso que m’he gastat 2000€ i joder, fa impressió, però resulta que els tenia i que el bolso mola molt.

Vaig pensant en això quan m’adono de què no el porto. No el tinc. Penso on m’he assegut l’última vegada. En un banc. Merda, me l’he deixat. Corro al banc del centre comercial on m’he assegut i no hi és. Clar que no hi és. Ho dic a les meves amigues, totes el busquem.

Penso què portava a dins i recordo que a dins hi havia un sobre amb calers. I el bolso encara tenia l’etiqueta. I el ticket de la botiga en una de les butxaques. Penso en la possible situació d’un lladre que troba el bolso casi nou, agafa els calers de la butxaca i torna a la botiga a que li tornin els diners. Rodó.

Per sort tenia l’iphone a la mà.