Tengo que ir ahi, pero no estoy segura de que este sea el bus adecuado para llegar. A medio camino, cuando ya creo que llevamos unos 40 minutos de viaje, le pido al conductor que me deje bajar. Se extraña, pero me bajo y yo creo que internamente piensa que ya me apañaré.

En cuanto pongo un pie en el suelo de este pueblo (que parece Ripoll) sé que me he precipitado. Solo tengo mi mobil, voy en zapatillas de estar por casa (incluso diría que en pijama) y voy sin cartera (ni dni, ni pasta). Intento llamar a alguien, no recuerdo a quién, que no me lo coge. Pienso en llamar a mi família pero me da mucho palo el “ya te lo dije”. Miro en google maps donde estoy pero no sé puede ver la localización con exactitud (el mapa no se carga, o no se lee el nombre). Finalmente y por descarte, llamo a mi madre. Le cuento todo: primero como si no fuera para tanto, y viendo que no reacciona a venir a buscarme, me voy poniendo bastante nerviosa. Ha medida que avanza la conversación en la que pido que por favor me vengan a buscar antes de que se haga de noche, me cuesta respirar, empiezo a gritar y a llorar y con las pocas palabras que salen de mi boca solo alcanzo a decir “ayúdame por favor”  a gritos, mientras paseo por las calles de esta ciudad que no sé cuál es.

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Elles són més fortes i més grans i més bones i es coneixen (clar que es coneixen) i fan projectes i s’escriuen i es truquen i potser queden i són amigues.

Se termina la noche (o empieza, no lo sé) y estoy en el sótano de la discoteca buscando a mis amigos. Hay muchas habitaciones y me he despistado un momento. En una de las habitaciones hay un tío que empieza a incomodarme. Estoy sola y no sé qué hacer y sé que tu estás en una de las salas contiguas, con tus amigos. Entro y pregunto por ti y sale una amiga tuya y me dice que te deje en paz, que estás de fiesta con ellos. Pienso que no le falta razón. Pero insisto y le digo que es importante, que hay una persona que me está molestando y que me da miedo, y que por favor te avise. Sales al cabo de poco y no sé si te hace gracia o te da palo pero creo que es lo primero. Salimos fuera y hay una luz como de final de día pero creo que es de primera hora de la mañana (llevo toda la noche de fiesta). Cuando ya estamos fuera nos paramos un momento uno delante del otro. Te miro y empiezo a hablarte de algo, y me cuesta mucho decirte algo que tenga sentido pero me gusta tanto tenerte delante. Unos gritos me distraen, y veo que detrás tuyo, es decir justo delante mío hay un edificio con mucha gente gritando y asomada a los balcones. La gente de la calle empieza a levantar la cabeza y la gente pide auxilio porque hay fuego dentro del edificio. Te aviso alarmada para que te des la vuelta y veas lo que yo veo, pero justo en ese momento un ruido enorme nos sobrevuela. Es un hidroavión cargado con agua que va a dejar caer sobre el edificio y, por lo tanto, también sobre nosotros. Alcanzo a gritar que corras y toda la gente se dispersa en busca de algo que pueda cubrirlos. Yo no sé qué hacer y corro en dirección a una gente que se protege entre unos coches y una pared. Me hago una bola, cierro los ojos, y oigo cómo cae el agua encima de todo y también encima mío. Abro los ojos poco a poco y te busco entre la gente pero ya no te vuelvo a ver.

En la primera mis padres se van con el coche nuevo a Italia, a ver a mi hermana y a mi nadie me ha avisado. Cuando me entero les digo que quiero ir con ellos, pero me argumentan que mejor que no. Porque van a cruzar dos fronteras y creen que una pareja de 60 años no es sospechosa pero el hecho de que detrás esté yo lo complica todo. No me lo puedo creer. A partir de ahí empieza una llorera que no termina.

 

Después estoy contigo en las bambalinas de un teatro. Hay otra gente y nos hemos encontrado por casualidad. Desesperadamente te pido que hablemos (de repente tengo que decirte algo muy importante) pero tu no pareces tener prisa por hablar. Pones excusas y me dices que otro rato  primero, y que quizá nunca después.  Estoy desesperada. Intento hacerte razonar, que em escuches pero es inútil. Empieza la segunda llorera, de impotencia y tristeza, que no termina.

Ya me iba y creo que te he visto. Me he parado para decirte hola, me has abrazado mucho rato al lado del cartel. Se está tan bien… Como soy un poco cínica he comentado algo sobre la publicidad del cartel. Sin dejar de abrazarme me has dicho que si me gusta iremos a comprarlo. Que bien estar cerca de ti.

(Nadal 2018)

Vivo en un piso precioso des de hace muy muy poco y me gusta mucho. Hasta ahora he vivido con una compañera de piso pero las cosas me van bien y voy a empezar a vivir sola en este mismo piso. Pero todavía pienso en mi piso antiguo, que sigue a mi nombre, y me da pena dejarlo. Pienso mucho en él, en los momentos vividos, en el encanto de la finca antigua, y en todos los detallitos que hay ahí. Pero también recuerdo el frío que pasaba, el baño tan antiguo y que ahí compartía el piso si o sí. Y estoy con la duda de si dejar el piso antiguo o no, porque me da mucha pena. Lo idealizo.

Hay reunión de vecinos en el piso nuevo y voy a la reunión. Traen comida que han hecho ellos, nos hacemos una foto de grupo, los niños han preparado actuaciones. Y pienso que qué maravilla de gente nueva para vivir. Y luego hacemos un tour por el patio (el piso nuevo tiene patio!) y veo un riachuelo de agua cristalina con pececitos y los niños corren por la piedras del rio, y el río se convierte en piscina y hay varias piscinas y los niños me dicen que en verano se pasan el dia ahí. Y los padres me miran y me dicen que es un planazo y que ellos traen birras y se tumban ahí.

Creo que dejo el piso viejo.

 

Hay una fiesta en este edificio y hay una piscina cuadrada en el patio interior. Me meto dentro y hay mucha gente y sorprendentemente hay olas. Quizá sea por el viento. Veo a unos patos negros recién nacidos como se hunden debajo de una de estas olas y pienso que seguramente morirán ahogados. Me seco y me voy dentro. En la casa están Anna i Lluc, hacia mucho que no les veía. Llega tu amiga y me saluda con esta frase “Aquí està la nostra nena!”. Le saludo con un gesto frío con la cabeza al pasar por su lado. No quiero volver a salir porque pienso en los patos y en qué fuera hay gente que no quiero ver. Me quedo dentro, la cocina está llena de pasteles y mi tia ha traído una caja de porexpan llena de tarta helada de fresa y otra de limón. Los trozos se amontonan dentro de la caja en desorden. Me como uno, nadie lo notará. Minna me enseña su tripa, está a punto de parir. Cuando pienso que la fiesta ya debe haber terminado salgo fuera otra vez. Todavía queda gente. En la piscina veo a unos patos negros que ya han crecido y que nadan confiadamente y disfrutan con las olas.