No sé si he bajado al bunker por que estoy dando una visita guiada a unos turistas, o si he terminado aquí porque ya me sé el camino para bajar cuando quiera. En todo caso, no estoy sola, hay otras personas más abajo, conmigo. No separamos un poco por las salas y en un momento dado oigo un ruido muy fuerte, unos gritos, y alguien que me dice que corra. Sin que me dé tiempo a pensarlo, antes de encerrarme en la exclusa antigás veo un poco de humo acercándose. Cierro la manivela, un poco antigua y oxidada, por dentro. La habitación es muy pequeña. Hay una especie de soporte de madera que antiguamente debió de ser una cama. Debajo, veo una garrafa de agua de 8 litros y algunas latas de comida. Hay una bombilla y un poco de luz. Antes de que me invada el pánico pienso que esto puede ir para largo, y decido intentar dormir para evadirme de todo esto.

Debo de haber dormido durante mucho rato, quizá dias, o meses o años. Me despierta un ruido que hace rato que oigo entre sueños. Parecen las voces de personas, creo que hablan en inglés. Me espero un poco más, me da mucho miedo salir. Parece que mueven muebles o entran cosas al bunker. Cuando reúno el valor, entreabro un poco la puerta (otro de mis miedos era que la manivela no funcionara y me quedará encerrada para siempre). Veo que efectivamente hay varias personas, entrando maletas viejas, como antiguas, hacia la habitación de al lado. Parece una mudanza. Quiero salir pero me da miedo de que me pregunten quién soy o de que me juzguen por haberme encerrado sola y no haber salvado a nadie más de lo que sea que ocurrió cuando me encerré.

Ideo el siguiente plan: saldré tranquilamente, me mezclaré con ellos, haré como que venía con ese grupo. Reuno el valor y salgo. Todos van vestidos como si fuera una película del oeste o sobre antiguas colonias europeas en África, o la época de la esclavitud en los Estados Unidos. Las mujeres llevan vestidos de hilo blanco, y los hombres unos trajes polvorientos. Han abierto un agujero en el bunker y lo han convertido en una ventana. Han puesto plantas enormes, y literas para dormir. Continuo caminando hacia esa habitación y busco con la mirada rápidamente una litera para poderme instalar y fingir que llevo mucho tiempo ahí. Al entrar en la habitación todo el mundo se gira.

En ese momento, como en una película, el plano se abre, es un plano general y me veo a mi misma y entiendo porque todo el mundo sabe que yo no estaba ahí antes: soy la única persona negra de la sala.

Tengo un elefante, es pequeño, y es mi mascota. Vamos por la calle, nos encontramos a una amiga y ella no se sorprende porque ya sabe que yo tengo un elefante y que voy a todas partes con él. Paseamos los tres juntos y en un momento dado, mi elefante empieza a morderme el jersey y el dorso de la mano. No me duele pero el elefante insiste. Quiere que le haga caso. Le miro, le acaricio, e intuyo lo que le pasa. Tiene hambre. Se lo digo, le digo sé qué tienes hambre. Iremos a un super.

Llegamos al super y le dejo en la entrada y me quiero dar prisa para comprar algo que pueda comer en cantidad. Mi amiga entra conmigo, el súper es enorme. Nos dividimos. Junto a un a pila de pepinos (pienso que los pepinos podrían gustarle) me encuentro a un amigo que hacía tiempo que no veía. Tiene ganas de hablar y de que nos pongamos al día. Me quedo ahí plantada, hablando, por cortesía, porque no le quiero contar que he venido con un elefante y tengo miedo de que se coma a alguien en la entrada del súper.

(pimeros días de 2021)

En Dani fa dies que està trist i ja sabem que ell és una mica de tenir bajones però joder, és raríssim, estem tots aquí, en aquesta casa, passant-ho bé i a ell se’l veu fatal pobre.

La cosa es comença  a fer insostenible i em demanen (algu amb certa autoritat es veu) si puc anar un parell de dies a una altra casa amb ell. Que potser així s’animarà. Que no he de fer res, només vigilar-lo i mirar que no es suicidi.

Vigilo en Dani d’una manera que ell no sap que el vigilo, o això em penso. El veig parlar amb la gent al carrer, el veig dormir. I a estones em relaxo i quan me’n recordo el torno a mirar i a vegades plora molt i tinc molta port que es mati.

(24/7/20)

(31/5/20)

 

Mentre passejo pel bosc acompanyada d’ell, et trobo. Em mires amb una mirada d’odi que no t’havia vist mai i no em dius res i jo no sé què fer i li dic a ell que m’esperi, que t’he de seguir i ell em diu que m’espera aquí, en una clariana d’aquest bosc. I jo t’empaito per camins plens d’herbes i tinc por de caure i et crido i no t’atrapo. I al final potser tu et canses o jo al final podia córrer més del que em pensava, i aconsegueixo parar-te i tocar-te el braç i dir-te que si us plau que m’escoltis i que parlem. Tu estàs molt enfadat i crides i plores i jo et vaig calmant o em calmes tu a mi, i quedem l’endemà per fer un cafè i tranquilitzar-nos l’un a l’altre.

 

El bosque tenebroso de mi mente – Lorena Álvarez

Quan ja estava vestida, maquillada i calçada i em dirigia cap al convit, he aparegut ell. No me l’esperava i crec que ell no recordava que jo avui anava a un casament. Semblava que venia a buscar-me, per anar a fer una birra o per anar a passejar. M’he enfadat, li he dit que si no ho veia que anava a una festa i que ara no podia estar per ell. M’he enfadat, sobretot amb mi mateixa. He baixat per la pendent que separava el lloc on m’estava canviant (i on ha aparegut) i el convit del casament, trepitjant molt fort a terra, un terra sense esfaltar i plè d’herbes. Mentre baixava, de l’enfado he passat a la pena, molt grossa, i quan he arribat a baix ja mirava altre cop cap a dalt, a veure si el veia. Tal com he arribat, he reculat, i he pujat la pendent depressa, gairebé de quatre grapes, molt aprop de terra, mentre cridava el seu nom i li demanava que m’esperés.

Me he dejado liar, y ahora lo lamento. No sé en qué punto me pareció una buenda idea cuándo Clàudia me contó su plan:

De madrugada, mientras la gente duerme su sueño de confinamiento Clàudia y yo cogeremos un metro (que se parece mucho al metro de Berlin) y saldremos por la ventana en las estaciones fantasma e iremos directamente al sótano de los pisos, nos colaremos dentro, nos ducharemos, iremos a la nevera y desayunaremos. Quizá nos pongamos su ropa y antes de que los habitantes de esa casa despierten ya habremos salido.

Pienso todo esto mientras salgo de puntillas de un piso donde creo que me han pillado, y Clàudia no aparece.

Fa dies que no ens veiem i he anat a casa teva, a veure com estaves. Sembles content i m’has d’explicar moltes coses i m’agrada veure’t tant content. Mentre et segueixo per casa teva, i tu no pares de parlar, sento un soroll en una de les habitacions. Resulta que ara tens un company de pis. Li has arreglat un dormitori i m’ho vols ensenyar. Però el seu dormitori no té llit, i quan tu t’aixeques del teu ell a vegades s’hi posa.

Tu no sembles preocupat, de fet m’ho expliques gairebé orgullós, però a mi tot això m’espanta una mica i d’una manera que no sé com explicar, fas que me’n senti responsable.

 

Oigo un ruido en el baño, que está pegado a mi habitación (es tipo suite). Primero pienso que se ha caído algo, o que dejé la ventana abierta. Pero luego oigo risas y definitivamente es gente. Abro la puerta, con miedo pero también con un punto de enfado, y encuentro a dos de mis vecinos, en albornoz, visiblemente borrachos, limpiándose los dientes en mi baño. Me dicen entre risas que no tienen pasta de dientes y que han venido a buscar un poco, mientras se alejan por la ventana por la que han entrado.

Tiene pinta que no es la primera vez que lo hacen.

 

Estoy de viaje a USA con Eli, y vamos a ver a alguien (una prima?) en el Instituto. Hablamos con ella dentro del edificio, en el pasillo, al lado de las taquillas. Al cabo de poco tengo ganas de ir al baño y pregunto dónde está. Me señala fuera y me dice que cruce el patio. Cuando ya estoy a punto de salir, viene otra chica y le pregunta a la primera si me ha advertido de que vaya con cuidado. Pregunto de qué. Me dice que en USA, cuando las mujeres salen a la calle (calle, patio, espacio abierto al cielo digamos) hay riesgo de que en cualquier momento tengan unas “visiones” horribles. Como manifestaciones de espíritus terribles en tu cabeza. Me acerca com una toalla mientras me lo cuenta y me dice que si me la pongo encima de la cabeza a veces disminuye las visiones. La otra me calma, me dice que no tenga miedo, que puede pasar pero que a veces simplemente no pasa nada.

Miro a Eli, y pienso que él nunca deberá temer nada y me da envidia, pero a la vez me hace sentir cerca de estas chicas que acabo de conocer.

Cruzo la galería que me separa del patio y veo todas las chicas fuera, en el patio, hablando. Y me sorprende ver cómo viven sabiendo que en cualquier momento tendrán una visión horrible que interrumpirá todas sus conversaciones.