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Archivos Mensuales: noviembre 2011

Siempre han vivido una enfrente de la otra. Más de 50 años compartiendo 5 metros de calle que las separa.  Últimamente, como se animaban poco a salir, la luz del comedor de una y de la otra eran una compañía suficiente. Cuándo la primera se iba a dormir y se apagaba esa luz, la otra sabía que debía hacer lo mismo. Por la mañana, si no era el sol, volvía a ser esa luz la que las despertaba. 

Cuándo finalmente salían, hablaban a gritos, sobre la muerte, y daban galletas sin sal ni azúcar al perro. La semana pasada dejaron de compartir la luz, ella tuvo que irse a un residencia. 

Esta noche la hemos visitado. Parecía tranquila y calmada. El jardín donde estaba era bonito, había un río pequeño y un puente. Ella estaba de pie, nosotras nos sentamos en un banco. Habló a gritos, como siempre, y aceptaba que era lo lógico a su edad, que ahí tampoco se estaba tan mal. Le dijimos que la iríamos a visitar a menudo, que no nos podíamos quedar mucho esta mañana.

Hoy por la mañana he sabido que es demasiado tarde para ir a visitarla.

Et trobarem a faltar Sibina!

 

 

 

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Tenemos que hacer unos grabados de madera pero la ciudad es tan bonita que decidimos salir a pasear. Hay una parte antigua en la ciudad y también hay mar. En el mar está mi prima de 5 años, nos bañamos juntas, jugamos en la arena y comemos.

Me doy cuenta que tengo que volver a clase. Toda mi família se queda de sobremesa pero yo no puedo. Me imagino como será su día a día. ¿Siempre van a la playa antes de comer? Hago un esfuerzo, me levanto de la mesa y subo de nuevo la cuesta que me lleva a la escuela para terminar el grabado. Por el camino me encuentro a Pau y a otros amigos que hacia mucho que no veía. Y me vuelven las ganas de seguir mi camino.

La chica nueva se presentó en casa a las 10, declarando que a las 12 ella era oficialmente la nueva inquilina del piso.

Supongo que habíamos retrasado ese momento por pereza, o quizá a alguien se le olvidó.

Teníamos que empaquetar todo lo que había en el piso.  Empezamos con la ropa, por empezar con algo, cada uno en nuestra habitación. Las maletas enseguida estuvieron llenas, empezamos a buscar cajas viejas de refrescos o de fruta, para llenarlas. Al pasar por la cocina, empezé a empaquetar cucharas, saleros, platos, tazas… Cada cajón contenía objetos que ya había olvidado que teníamos.

En la cocina me acordé de mi nueva libreria, que había montado hacia apenas un mes. Todos los libros. Como me estaba volviendo loca en la cocina decido empaquetar libros, que son más geometricos.

En la librería me doy cuenta de que tengo colecciones de los 70 que regalaban con el periódico, libros sobre religión y juguetes sin abrir. Decido tirarlo todo a la basura.

El tiempo sigue pasando, la chica nueva tendrá que instalarse, y no puedo entretenerme. Voy a por cajas a fuera. De repente noto algo que se roza con mis piernas. ¡¿Qué haremos con el gato?! Mierda, había olvidado que teníamos gato. Supongo que ella se quedará con él. Yo ahora no tengo piso y no puedo ir con un gato a buscar habitación. Que pena. Pienso que si hubiera sabido que nos teníamos que separar le hubiera hecho más caso.

Mientras pienso como vamos a repartirnos las cosas comunes (cocina, muebles…) decido que no quiero nada. Le vendo mi cama por 100 euros, a un amigo. Solo me llevaré libros y ropa. O quizá ni libros.

Salgo al fondo del pasillo, al patio. Hay un arbol, un porche y un columpio. Hicimos cenas geniales aqui.

No recordaba que este piso tuviera patio.

De haberlo sabido lo hubiera aprovechado más.

¿Porque decidimos irnos? Este piso está genial de hecho.

Tengo que ir a por mis cosas, las dejé en la habitación del fondo. Como la casa es tan grande tengo que salir al exterior. I ahí estás tú. Te has puesto a dormir en una cama en medio del jardín. Ah no, espera, no duermes, te has despertado y miras el mobil tumbado. ¿No te gustó la fiesta?

No tengo tiempo para hablar de eso, he quedado con unos amigos para contarles un sueño que tuve. Los tres iban con pelucas rojas y de pelo largo y eramos esclavos en Nueva Orleans en los años 20.

 

 

 

Hace frío y no me quiero esperar fuera del H&M a que llegue Alba. Bajo a la segunda planta y hoy hay un show de música mexicana. Hay una  banda tocando. Alguna gente se sienta alrededor y pide canciones al grupo. El resto sigue comprando. Yo me siento a ver el grupo. Tocan una más y desmontan.

Al lado hay una piscina, dónde los niños se tiran al agua mientras los padres compran. Hay una niña a la que le falta un brazo que se tira muy bien de cabeza y todos aplaudimos. Hay una mesa de ping-pong y cuando Alba llega (estaba esperándome en un H&M de otra calle) hacemos unas partidas. La arena que está debajo de mesa de ping-pong es limpia y aterciopelada. Debe ser arena nueva.