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Archivos Mensuales: enero 2012

Estoy muy embarazada. Muy embarazada. No me he dado cuenta de que lo estaba pero en realidad tengo una barriga que no me permite practicamente arrodillarme. Tengo la piel de la barriga muy muy tensa y ha crecido mucho.

Pero en realidad, cuando me dan la noticia no puedo creermelo. Me ha venido siempre la regla, o eso creo recordar. Me empiezan a llegar un montón de preguntas a la cabeza: ¿de cuanto estoy? ¿tengo niño o niña? ¿están sanos? ¿quién es el padre?

En cuanto al padre no hay muchas posibilidades, pero si tiro atrás en el tiempo se reducen aún más. A parte del espíritu santo (y no es del todo descartable), hay un chico que tiene novia, que podria ser el padre. Pienso que es un buen chico, una persona con los pies en el suelo, y que además no es nada feo (esto me lo planteo a nivel genético, claro). Creo que se lo diré, pero por supuesto no quiero que “haga” de padre. Espero que su novia lo entienda…

Tengo que solucionar muchos problemas, se me hace todo una montanya, este embarazo me ha pillado por sorpresa.

Voy al médico a que me diga que llevo, si niño o niña y a que me diga cuando los voy a tener. El médico me felicita y me dice que que siento que llevo, que la intuición normalmente no falla. Le digo que dos niños. El afirma que si.

Perfecto. 2.

¿Dónde viviré? ¿Cómo los mantendré? Dos niños seguro que se pelean más que dos niñas… Y mi trabajo? No podré beber alcohol en un rato largo. El cochecito doble me costará una pasta. ¿Cómo se amamantan dos niños de golpe? ¿Que ropa me pondré cuándo esté gordíssima?

En la sala de espera del médico, esperando las ecografias, me encuentro con Ana Obregón. Me dice que tiene un montón de ropa de cuándo estaba embarazada y que me la puede prestar. Dice que esta un poco pasada de moda, pero en realidad es muy muy bonita. Me la pone en dos bolsas enormes y me la llevo a casa.

Una vez en casa mi madre, yo y mi hermana miramos la ropa. Es muy bonita. Toda de pre-mama y tal. Al final de una de las bolsas hay una vhs.

La ponemos.

Sale Ana Obregon con el pelo más corto y rizado a lo ’90 haciendo entrevistas a famosos. También sale con el Conde Lequio.

Ana Obregón ha grabado en una cinta todas sus apariciones televisivas desde que empezó.

 

Rihanna, va a ver un concierto de otra gran diva del pop (Britney? Shakira?) i a la salida, junto con sus 20 bailarines vestidos de azul, decide improvisar un baile cantando a capela.

Me parece que estoy viendo una película musical de los 40.

De repente la gente que sale del concierto forma un corro alrededor, la gente se une a bailar, y se saben la coreo, y sino se la inventan. Cuando terminan, la gente aplaude y se oye una voz que dice: “Oye tú! sácame una foto con ellas!” Es Paulina Rubio que posa con las dos divas mientras le sacan una foto con el Iphone.

Faltan algunos minutos para que pase mi metro de la línea verde.

A estas horas hay pocos trenes y mucha gente esperando.

En la andana hay mucha gente esperando también. Veo a esa señora que ya había visto antes con una paloma en la mano. ¿La habrá capturado para comérsela? ¿O la querrá adiestrar?  La tiene muy bien agarrada por una de las patas, mientras habla tranquilamente con un hombre.

 

Hay un grupo de niños de una escuela todos con su uniforme que están de excursión. Miran con mucho interés la via, los rótulos y apunta cosas. Quizá estén haciendo un trabajo sobre el metro.

Al fin llega el metro. Cuándo empieza a entrar en el tunel para recoger a la gente,  veo que un niño se tira a la via. La gente empieza a gritar y a decirle que salga antes de que llegue el metro. Pero cuando estoy a punto de sacarlo, no hay tiempo y el niño se queda abajo. Todos vemos como se esconde de manera que el metro le pase muy justo por delante. El metro se detiene, nadie puede subir.

Rápidamente entra un coche de policia en forma de vagón de metro, que circula por las vias y captura al niño y a dos niños más que también habían saltado. Pero falta uno que no encuentran.

Todos los pasajeros subimos al metro y el metro se tiene que desviar porque debemos ir a buscar el niño que falta.

Pasamos cerca de una zona pantanosa, el metro se mete entre los arboles y cerca del agua. Vemos que hay muchos chicos jugando, bañándose, todos de la escuela de los que se tiraron al metro, porque van con el mismo uniforme.

Yo voy en el último vagón, dónde van también los policias. Oigo que hablan con uno de los niños que han atrapado. Le preguntan si sabe dónde está su compañero. Dice que no. Los polícias le dicen que no tenga miedo, que no le harán daño. “Estamos haciendo un trabajo sobre el metro, y nuestro compañero queria ver las vías de cerca, para tener la mejor nota”, contesta.

Tengo que levantarme de la cama, pero la ducha esta al otro lado del edificio y hace un frío horrible. Voy a esperar un poco más.

Otro poco.

Ok són las 12 debería salir.

Pero antes me tomaré un té.

En la cocica de la universidad donde estamos durmiendo hay de todo. Pero té no. 5 paquetes distintos de pan de molde. Pero no hay té. Me iré a la ducha.

Tengo que salir a fuera, la gente esta tumabada al sol del césped y tengo que salir con mi toalla. Que frio. Lo bueno de ducharse a esta hora es que no hay cola.

Mierda, me olvidé el jabón.

Voy a preguntar a los grupos de gente tumbados en el cesped si tienen jabón. Tienen zumo, limpiacristales, pero jabón no. Espera hay alguien que tiene. De esos de viaje.

Que pena que no dejen subir tamaños más grandes en el avión.

 

 

Hace días, quizá meses, que él ha secuestrado a nuestra abuela en nuestra propia casa.

No nos acordamos de porque fue, sólo sé que nos hemos acostumbrado a esta situación. Además no podemos cambiarla. Él la vigila y nos vigila, solo él sabe dónde está, y es un secuestro al que poco a poc nos hemos ido acostumbrando. Sabemos que ella está en casa, en su casa, y que él también por vigilarla. Podemos darle comida a través de una ranurita. Sabemos que esta bien, porque come, y de alguna manera nos hemos acostumbrado a este especie de estar sin estar de la abuela. Sabemos que esta ahí y con eso nos conformamos.

Este fin de semana son Navidades y él tiene que irse a celebrarlas con su família. Por primera vez saldrá de casa. Yo y mi hermana hemos decidido aprovechar esta oportunidad para sacar a la abuela del escondite dónde él la tiene. Así que en cuanto sale por la puerta, empezamos a escarbar por debajo de la ranura para sacar a la abuela de ahí.

Sacamos ropa, espuma de cojin, pero ni rastro de la abuela. Nos ha estado engañando, la abuela no estaba ahí.

Empezamos a gritar su nombre, María, abuela y un hilito de voz nos contesta. “”¡¿Dónde estás!?”. Pero su hilo de voz cada vez es más débil hasta que no podemos oir nada más. Gritamos pero solo hay silencio.

Nos enfadamos mucho, este tio nos ha estado timando todo el tiempo. La abuela no está donde se supone que tenía que estar. Dónde iba toda la comida que cocinábamos? Era solo una estrategia para que no nos desesperaramos? La abuela pensará que nos hemos olvidado de ella?

Se apodera de mi una rábia y una impoténcia enormes, me siento muy engañada. Empiezo a buscar en fondos de armario, cajones, falsas paredes, ¿dónde puede haber escondido a mi abuela?. No hay manera. Sólo él lo sabe. No quepo en mi de furiosa que estoy. Tengo ganas de gritarle, pero sé que cuánto más me enfade peor va a ser para que él entre en razón y me lo diga.

Tendré que pensar una buena estrategia.

Mi padre, mi hermana y yo llegamos a una playa enorme, en una furgoneta. Le cuesta avanzar por la arena. Desde la parte de arriba de la playa hasta el agua hay un desnivel increíble, como de 8 metros, de dunas de arena en pendiente. Nos paramos arriba, donde hay más camiones aparcados y unos señores (los camioneros?) que parece que conocen a mi padre. Mi hermana y yo recordamos lo mucho que discutíamos cuando veníamos a la playa de pequeñas, y empezamos a discutir otra vez.

Aunque deben ser las 7 de la tarda, todavía hace calor y decido ir a bañarme.  Mi padre y mi hermana dicen que es demasiado tarde y que ellos no se van a bañar.

Bajo los 8 metros de desnivel de dunas intentado ir en línea recta, para no perderme en esta playa inmensa. Cuando estoy abajo ya no se puede ver la cima. Por el camino me encuentro toallas de gente y muchos palos de madera que la marea o el viento ha traído hasta la playa.

Voy a la orilla, dejo mi toalla, me saco  una sudadera gris con capucha que llevo puesta y me quedo en bañador. El agua es azul turquesa y me tiro de cabeza. Esta tibia.

Mierda, era menos profunda de lo que pensé y he tocado enseguida la arena. Voy a tener que ir un poco más adentro. Es fantástico nadar en este mar. El agua es súper limpia y tiene un color precioso.

Esta anocheciendo y las luces del atardecer hacen que el agua coja unos colores más oscuros, pero preciosos. Mi padre y mi hermana vienen a bañarse, se tiran agua y nadan conmigo.

En el cielo hay unas nubes rosas y negras, de anochecer y el agua empieza a oscurecerse como la noche. Hay parte del agua que ya son totalmente oscuras, pero en otras todavía toca el sol. Es como un mar de mercurio. Me quedo mirando el agua, y las luces y al volver a mirar el horizonte veo que tiene un estampado de papel como fondo. ¿Quién lo ha puesto?

Pienso que es muy buena idea. Pero si no hay horizonte quizá me esté bañando en un lago entonces.