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Archivos Mensuales: abril 2012

A sale con B. Hace ya bastante tiempo B solía salir con C.

A,B y C son amigos.

C está muy contenta. Me cuenta una amiga que esta embarazada y que le hace ilusión tener el niño. C no tiene pareja, el niño es de B. Se vé que un día hubo un desliz (quizá para recordar los viejos tiempos, no sé) y C se quedó embarazada. Y quiere tenerlo. Creo que B lo sabe y le da igual. Es decir, no esta enamorado de C, pero si ella quiere tenerlo, perfecto. Incluso puede que sea divertido! Me gusta la idea de que tengan un hijo. Son buenos amigos, seguro que sale bien. Y seguro que A lo entenderá. Aún no lo sabe.

Más tarde quedo para tomar café con otras amigas. A está ahí. Alguien comenta algo, y A empieza a reirse. No entiendo de qué. Luego me dice: “Bueno, tengo que daros una buena notícia, estoy embarazada!”.

A también esta embarazada de B.

B va a tener dos hijos que se llevaran dos meses solo. Que bien, pienso, van a ser amigos.

El problema es que A no sabe que C también esta embarazada. Y que es del mismo padre.

Cómo hará frente B a dos niños a la vez?

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Tú y tu hermano sois vecinos míos, y me entero después de esa fiesta, en la que no estabas y de la que me fuí pronto.

De hecho  viniste a la fiesta, pero te fuiste a no sé dónde y no volviste y te busque pero no estabas más.

A la mañana siguiente y con una resaca importante me doy cuenta que tu y tu hermano vivís a la casa de al lado, con unos señores mayores que deben ser vuestros padres y que no sabia que eran tan mayores. Entre ambas casas hay una separación de un brik de leche (literal, esta metido ente ambas casas, en horizontal, no se quién lo puso).

Aun que tenga resaca me levanto pronto, porque no puedo dormir, y me voy a dar una vuelta por mi barrio. He quedado con Valentina para comer, pero la llamo y aún duerme. Vuelvo a casa y me doy cuenta de que eres mi vecino. Que Ilusión, joder. Sales con el bañador y la toalla y me dices que tus padres han decidido que hoy os vais a la playa. Te comento que hoy no hace buen tiempo y que te quedes, pero tu dices que tus padres tienen eso en la cabeza y no se lo vas a sacar, pero que mientras ellos preparan todo te quedas conmigo. Me das un beso.

Sale tu hermano y nos vamos detrás de la casa, con más gente, a hablar y sentarnos debajo de un toldo. Hace calor, me vuelves a besar y soy muy feliz.

Es un poco pesado creo. 

No es que piense que sea gilipollas por el momento, pero este tío empieza a darme rábia. 

Tenemos que ordenar todas las maletas antes de irnos y tiene una capacidad de organización tan baja que creo que preferiría irme sola. Y encima es simpático con la gente. Que palo de tío. 

Empiezo a pensar que es un gilipollas. He tardado diez minutos. 

Llega el tranvia y esta lleno, y suben todos y yo digo que ya me espero. Que suba él y que yo ya iré con el de después. A ver si me lo quito un rato de encima. Tio pesado. 

Llego a mi casa, y ahí esta. Me da un sobre de esos que hacen música. Le digo que no lo quiero. Pero el sobre sigue sonando. Le digo que si es idiota o qué, que no quiero ese sobre y que la música me molesta. Me dice que no es su culpa que la música suene. Este tío es gilipollas, pesado y encima idiota. Joder que joya. Me enfado y le digo que o rompe ya el sobre y lo rompo yo. Lo rompo yo. Monto un pequeño show de enfado y veo a mi família mirandome con cara de pasmo. 

 

No era el sobre, era mi despertador que estaba sonando. Él no tenía la culpa. 

Tengo una hija pero no la puedo ver hasta unos días después de nacer, porque por un error se la han quedado una gente que debía cuidarla al nacer más tiempo del necesario.

Cuándo finalmente me la dan (lloros, abrazo, momento emotivo) le digo que le compraré de todo, biberón, pañales, papilla… lo que ella quiera.

De camino a la farmacia me comenta que no hace falta biberón, porque ya ha aprendido a comer con tenedor, y que usar pañales seria un paso atrás, que mejor le enseño como ir al baño y listos.

Teniendo en cuenta que es racién nacida, esta niña me da miedo por lo precoz.

Pero es una tan mona.

Resulta que enfrente de la casa de mis abuelos ha habido siempre una piscina municipal cubierta.

Hoy es día de reyes, y yo, mi padre y mis dos primos mayores (dos primos que no tengo) nos vamos a la piscina. Antes de entrar la señora de la entrada me avisa de que abra bien los ojos al entrar para que puedan hacerme un reconocimiento. Pienso que es un reconocimiento de iris o algo así y pienso como lo peta Bordils, el pueblo de mis abuelos, en temas de seguridad acuática municipal.

Los chicos entran por un lado, y yo por otro.

Llego a una sala a medio construir y colocados como en un círculo hay varias personas (algunas de ellas las conozco) que me miran a los ojos y me hacen preguntas.

Al principio intento contestar con seriedad: “Cómo te llamas”, “De qué trabajas”. “Abre más los ojos”. Pero las preguntas siguen, y ellos tan serios, y abre más los ojos; y yo me empiezo a partir de la risa con cada pregunta nueva que hacen porque me me siento como si me estuvieran tomando el pelo. “Has visto la peli portuguesa de la princesa?” “No, lo mío es el cine de autor narcoléptico portugués”. Me río en su cara y no se lo toman muy bien.

En medio del interrogatorio decido que si no puedo entrar en la piscina da igual, pero alguien tiene que decirles que esto es absurdo. Les pregunto: “Tenéis miedo de que entre en la piscina o qué?”.

Esta pregunta levanta un revuelo enorme, hay gritos, carreras, discusiones a gritos. No sé que he dicho pero parece como si hubiera desvelado el misterio del interrogatorio. Cómo si en una secta alguien hubiera dicho en alto que su Dios no existe y de repente se les hubiera caído el velo de los ojos.

No sé.

 

Salimos todos del recinto y veo miradas de extrañeza pero también viene alguien y me da las gracias por decir en alto una verdad como un templo.

Finalmente estoy en Japón, de viaje con más gente en una especie de congreso o de festival o yo que sé.

Paseo por una calles con murallas, y paredes de piedra y son Carnavales, o Semana Santa o algo así de salir a la calle y gritar.

Vamos a un local donde han organizado una especie de baile y pienso que estoy en Japón, y que Japón es muy cañí, y que no he visto  ni un japonés y me dan una naranja para que me la coma, y cuándo tengo la naranja en la mano le digo al guía que nos acompaña: Japón se parece mucho a Valencia colega.

 

No sé que estoy haciendo en este hospital que parece como de los años 20.

Creo que me han dado una habitación (más bien un despacho) para que me encuentre con alguien, pero ese alguien no se presentó.

Paso muchas salas de espera, atravieso algunas consultas con pacientes y todo, buscando la luz del sol que me indica la salida.

Pregunto varias veces a algún médico (todos con bigote, pelo gris). Me indican por dónde salir pero cuando por fin he conseguido atravesar la sala llena de gente, no hay ninguna puerta hacia fuera. Que agobio.

En un sala enorme, con muchos médicos hablando y moviéndose de una mesa para otra, casi tiro un ángel de madera 150 cm. Cansada ya, me pongo borde con el primer médico que encuentro y me saca.

A fuera hay un barco, con un médico como capitán. Sueño que sueño que llegan a la costa, pero en realidad morirán por el camino debido a una tempestad.