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Archivos Mensuales: agosto 2012

No sé muy bien porque no me voy de aquí de una vez pero parece que sigo aguantando el tipo porque debo ser imbécil. Imbécil muy fuerte. Mientras todo el mundo hace sus cosas (trasladar equipos de música, yo que sé), encuentro una instalación,como una pista de básquet para hacer puntería con el chicle. Me explicaré mejor (perdón, la resaca no me deja pensar) es como un pinball que termina en canasta de basquet.

Cojo aire. Soplo fuerte. Boom. A la primera. Básquet!

Ella y su hijo están en la oficina de la productora. Han venido a visitar a mi jefe.

Ella cuenta que su vida en el extraradio barcelonés era muy miserable. Es muy guapa y habla un inglés perfecto y un castellano suramericano. Sus dos hijos (el mayor de unos 10 años y el pequeño de unos 5) tienen dos caras redondas como una luna. Ella cuenta que no podían aguantar más y que un dia decidieron apostar por un nuevo negocio. Al principio se trataba de un taller de reparación de converse rotas. Pero luego ampliaron negocio, gracias a una idea del hijo mayor, y pensaron que los toreros, después de la corrida, necesitarian un buen masaje.

Nos enseña un video. Ahora ya són una plantilla de mujeres considerable, los toreros suben a una especie de tarima con unas camillas de plastico azul y ellas muy muy muy rapidamente hacen un masaje.

Me sorprende ver en el vídeo que todas lleva el mismo corte de pelo.

Me he levantado pronto porque tengo que correr en una competición o demostrar algo a nivel oficial. Me visto, hago mi mochila (me he comprado una nueva muy bonita, que tiene unas flores y me ha costado 28 euros) y me voy a la playa donde podemos calentar antes de competir.

El calentamiento se alarga…. La playa tiene una zona muy grande donde la arena se mezcla con el agua poco a poco. Miro esa zona y camino arriba y abajo mientras saco el móbil. Te llamo y tienes voz de dormido y me preguntas si lo estoy pasando bien y me dices que me esperas en casa.

Mientras camino por un paisaje de final de primavera, a través de un caminito que rodea unas montañas preciosas y verdes, una voz en off, seguramente la radio a pilas que llevamos encima, retransmite la siguiente información: (intentaré ser lo más fiel a la “realidad” que pueda, aunque me será difícil debido al nivel de información)

“Los bonos del Estado son un mecanismo para mantener llenas las arcas estatales a través de la venta de participaciones al pueblo para que pueda tener un % de esta empresa que es un país. Cada bono tiene un precio “simbólico” en este caso 100. 100 no significa nada, no es un precio que este relacionada con nada en concreto, no forma parta de una partición matemática. 

Las famílias más importantes de España tienes bonos del Estado. Los gobernantes lo saben, saben quiénes són y cuantos tienen. Y de esta forma, la compra de Bonos se convierte en una compra de “impunidad” una especie de bono de condenación de pecados, tipo templo expiatorio. Si tu família tiene Bonos, quizá tu tío no vaya a la prisión o  puedas hacerte un chalet donde nadie más puede… una serie de “bonificaciones” a cambio. ….”

Cuando llego a la casas en la montaña un niño coreano me ayuda a poner unas bolsas en el coche. Dice que ya han terminado sus vacaciones y que tiene que volver a Corea.

“My holidays are over, I need to go back to Korea after this time in Europe, so they can Maotize me”.

Moaotize me.

Wow.

 

 

Se va a ir, aquí no puede qeudar-se, pero no quiere volver de dónde viene. Su única salida aceptable seria irse a Nuevo México, pero sólo si Nuevo México consiguiera finalmente la independencia de Estados Unidos y volviera a ser parte de México. És la única opción apetecible para él. Yo le digo que esto es bastante improbable que pase y que además, si forma parte de México tendrá que conseguir visado y esto no le interesa.

Me dice que no lo he entiendo y me grita un poco. Parece que está enfadado.

M va a ir de parto y a decidido que yo sea su comadrona. Me avisará cuando crea que está preparada y bajaremos a la piscina que hay abajo del edificio para tener un parto dentro del agua.

Con toda la calma del mundo me dice que cuando quiera bajamos. Cojo un cutter de color naranja que tenemos en la oficina (nos sentamos prácticamente una delante de la otra) como única herramienta para el parto. Bajamos a la piscina, pero todavía no tiene contracciones.

Cuando empiezan, es horrible. M tiene mucho dolor y yo empiezo a pensar si no habría sido mejor ir a un hospital. Y todavía no ha roto aguas! Ella grita mucho, y yo busco a una amiga y le digo que se quede con ella mientras yo voy a buscar en todo el edificio (estos días hay una convención sobre energías renovables) alguien con bata blanca de medico, o que al menos haya estudiado farmacia.

Corro por los pasillos muy muy deprisa. Cojo un ascensor. Dentro, mis amigas de la escuela primaria me dicen si me voy con ellas por 550 euros a America del Sur durante un mes. Les digo que es demasiado caro y que tengo que ahorrar si quiero viajar al Este de America del Norte.

Mientras intento desenterrar el yacuzzi que acabo de colocar en la parte de atrás del zoo (voy a por palas, o algo…) paso por la zona de los cabritos. Y ahí me encuentro a mi abuelo Llorenç y mi bisabuelo Lluís de la mano de mi hermana y mi prima Vinyet respectivamente. Me alegro un montón de verlos!

Le doy dos besos a mi abuelo y luego saludo a mi bisabuelo, y le digo si se acuerda de mí, y antes de que se lo diga él me dice: Hacía muchísimo que no nos veíamos! Le digo que es cierto y que me hace mucha ilusión verle (lo digo gritando, porque recuerdo que era sordo). Mi abuelo lleva una “rebeca” gris, o un chaleco, de punto. Lleva también una camisa de cuadros y se vé muy bien. Mi abuelo Luís lleva una camisa marrón claro, tirando a naranja. Es muy bajito!

Los dos entras con las chicas en el patio de las cabritas. El suelo está congelado y tengo miedo de que se caigan. Les aviso. Mi abuelo Lluís dice que irá con cuidado que no pasa nada. Miro sus pies, son muy pequeños, pero pisan el suelo congelado con cuidado y parece que no se va a caer.

Doy una vuelta por ahí, mirando los cabritos y demás animales. Que bien haberlos encontrado! Al pasar cerca de la valla que rodea el patio, veo un señor con un pulpo. Esta comiendo una de sus “patas”. Me dice que este es el antídoto a las mordeduras de cabra venenosa: comerte un tentáculo de pulpo directamente del pulpo. Por eso lo tienen ahí guardado. Just in case.

 

A Claudia le han detectado apendicitis, ella solo creía que era un dolor de barriga pero ha resultado ser una apendicits. Como estaba de viaje ahí, la han puesto en un hospital público. Un hospital comunista, como el país.

Aquí, cuando te tratan de una apendicits te operan en una piscina en la sala de quirofanos. La herida se vuelve blanda, como una herida mojada (que sencillamente, es lo que es). Claudia tuvo una operación correcta, pero dos días después de salir del hospital el posteoperatorio se le complicó y tuvieron que volverla a ingresar. Así que ya que estoy de paso por el país me paso por el hospital.

Claudia me dice que es la 294 (o 264) y que hay una enfermera que también limpia, que es muy simpática.

Llego al edicio. Es impresionante. Es como esos edificios abandonados que alguna vez he visitado, per en pleno uso. Fantástico. Me falta tiempo para sacar la pentax y empezar a disparar fotos.

No quiero perderme ningún detalle así que tengo los ojos bien abiertos a todos los detalles arquitectónicos….

Un pasillo blanco lleno de puertas todas iguales y seguidas que albergan habitaciones idénticas y blancas.

Llego a la habitación de Claudia y la veo porque la puerta esta abierta. Ella me sonríe des de la piscina. La enfermera / limpiadora está en la entrada y me dice algo pero no puedo entenderla porque no hablo russo. Hay una especie de recibidor tipo sala, que está separado del baño y de la habitación donde se encuentra Claudia. Me sorprende ver en una especie de mueble de obra (tambien blanco) una colección de jarrones de cristal de colores. Pregunto por ellos, y la enfermera, en un español extraño, me dice que es muy tipico de los hospitales russos.

La arquitectura de la habitación es fantastica. Muy austera pero con todo lo que tiene que tener y muy fucnional.

Veo la herida de Claudia, no tiene muy buena pinta. Pero intento disimular. Entra el médico y le dice a Claudia que si le sube la fiebre tendrá que quedarse más tiempo y quizá tengan que volver a operar. Cuando el médico se ha ido Claudia dice que quiere irse y que no le dan de comer, pero que ya ha llamado a su madre y que ahora le comprara algo de comida, que aqui tiene una cocina y puede cocinarse algo.

En este momento llega mi madre. Esta muy guapa. Lleva unos zapatos de cuña y parece muy joven (no excesivamente, solo como más luminosa) .

Claudia no reconoce a mi madre. Pienso que quizá esta teniendo fiebre o delirios y me da pena.

Salgo fuera y hago otra foto de la vista zenital que me ofrece uno de los torreones racionalistas del edificio.