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Archivos Mensuales: mayo 2014

Me he mudado a esta nueva casa. Hay una niñita mulata, de unos 5 años, que me encuentro a menudo en el pasillo que conecta mi casa con la casa de enfrente. La invito a pasar a mi casa y a hablar un rato. Es simpática. Cuando veo que se hace tarde (son las 9 más o menos, y pienso que es a esa hora cuando los niños suelen comer) la acompaño a su casa. Me abren dos niñas un poco más mayores, de unos 7 y 9 años. Son muy rubias y muy blancas. Detrás oigo la voz de sus padres. También muy blancos. Los padres son muy efusivos y me agradecen que les haya mandado a la niña. Parece que tiene ganas de hablar pero yo tengo cosas que hacer y me despido rápido pero con educación.

La segunda vez que voy a esa casa (la niña quiere enseñarme algo) los padres están en medio de una cena con unos amigos (otra pareja). La madre habla mucho y muy alto. Pienso que quizá hayan bebido demasiado. Me invita a sentarme con ellos, y por compromiso me siento un momento. Ella no para de hablar y quejarse. Al cabo de un rato me doy cuenta de que la otra pareja está muy incomoda con la situación. Parece que la madre no está muy bien de la cabeza. Hay un ambiente extraño: parece que efectivamente todos los presentes son conscientes de ello y hay una complicidad entre ellos, casi de pena por ella. Pero a la vez parece lo suficiente reciente como para que resulte extraño. Me voy en cuanto puedo. La tercera vez que entro en esa casa, los padres de la niña estan solos, sólo con las tres niñas. El padre me dice que me quede. Yo después de la escena del otro día no quiero quedarme per insiste mucho. Rápidamente sale la madre, empieza a gritarme, y me pregunta que porque no me quiero quedar, que su marido ya ha insistido y que quién me he creído que soy. A mi el panorama no me gusta nada. Las niñas parecen estar acostumbradas a eso. La cólera de la madre va en augmento, nosé porqué. El padre, que al principio me defendía, ahora parece estar tan loco como ella.Quiero escapar pero no sé por donde ni como. Consigo escapar pero a las malas. Me voy corriendo fuera del edificio, me da muy mala espina eso. Pienso en las niñas, pobrecitas.

Cuando vuelvo a casa al cabo de unas horas, ya casi me había olvidado de lo que había sucedido. Al acercarme a mi edificio veo que hay bomberos y la policía. Alguien se ha suicidado. Es la madre. Veo que se le acerca un policia. Ella está tumbada boca abajo. Al pasar al lado levanta la cabeza y dice que la culpa es mía.

De repente hay un gran desprecio hacia mí. No sé de dónde viene y como no lo sé y me parece tan gratuito, entiendo que se equivocan de persona. Pero es terrible y ellas me miran con todo el odio del mundo e incluso tengo un poco de miedo. Sentada en la hierba, con toda esa gente alrededor escuchando los grupos, ella se levanta, se me acerca y me tira un cubata encima. Detrás va su novia, que hace lo mismo.

La gente me mira y se rie.

Me siento muy desgraciada.

Creo que estoy llorando cuando me levanto toda mojada y me voy donde esta ella y le digo (me cuesta hablar, efectivamente estoy llorando): “Sólo quiero que recuerdes algo: dentro de un tiempo, no sé cuanto, te darás cuenta de que te has equivocado de persona, y entonces me pedirás perdón y yo te perdonaré”.