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Archivos Mensuales: julio 2014

Torno a Finlàndia uns dies, no sé ben bé perquè. Busco el lloc on em quedo i no és a casa la Minna ni la Venla. Intento trucarles per dir-los on sóc pero no en tinc ni idea. Pregunto a una gent i em repeteixen el nom d’un parc que no sé com escriure. Al final una de les senyores a qui estic preguntant em diu que ho escrigui com si escrivís en català i em diu una paraula que ara no recordo. Em pregunto si la Minna ho entendrà.

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Voy a tener un hijo y parece que voy a tenerlo ya.
Es de dia, y en la sala de partos hay mucha luz. Es una sala pequeña. Delante mío veo a una doctora. Tiene cara (y después veo que acento) chilenos y lleva una trenza. Creo que no tiene ni 40 años.
Me doy cuenta de que voy a dar a luz y me miro la barriga y la veo grande y tersa, voy con una bata azul pálido. Ella me dice empuja, y yo lo hago, y pienso que solo estamos probando. En la sala no hay nadie más. No me duele nada, pero ella me anima a que empuje más, y lo pruebo y noto algo y me empieza a entrar el miedo de no saber hacerlo pero sigo empujando y no noto dolor, solo una presión ligera y ella me pasa a mi hija y me dice que lo he hecho muy bien. Y casi no me doy cuenta de que me ha cortado el cordón y yo casi no me lo creo. Tengo a una niña en brazos que llora un poco. Todavia sigo pensando en ese parto y miro a la doctora que ya está limpiando todo y le pregunto “Y la placenta?”. Hago esta pregunta buscando algo que me he perdido, esa cosa de la que habla todo el mundo y que es el dolor del parto. Como no he sufrido nada, siento que ha ido demasiado bien. Que falta algo. Ella me dice que me olvide de la placenta, que no voy a sacar nada más.
Parece que va a salir de la sala y yo aún tengo mil dudas. La niña me busca el pecho y parece que tiene hambre y yo espero que alguien me de instrucciones y la busco y le digo “¿Y ahora qué?”. Ella me dice que mi hija sabe como hacerlo, que es el instinto o algo así.
Efectivamente abre su boquita y empieza a chupar. Yo espero qeu eso sea lo que duele, de eso de lo que hablan todas las madres. Pero no duele nada.
¡Que fácil!