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Archivos Mensuales: diciembre 2016

En la comunidad en la que vivo y después de lo que ha pasado han tomado una decisión: que nos van a quemar vivos a todos. Parece terrible pero es una solución lógica. Si seguimos vivos probablemente vayamos presos y además que sentido tiene seguir viviendo.

El primer día queman a casi todas las chicas, y a algún chico. Se ponen ellos mismos unos encima de otros, alineados. Yo estoy fuera del círculo, me los miro y pienso que no puede ser. Pero sí, empiezan por quemarles la cabeza (así mueren más rápido, dicen) y cuando el fuego les llega a los hombros ya están muertos. Yo me lo miro des de una esquina, horrorizada, me tapo la cara y grito. Pero soy la única.

Cuando termina la gente se dispersa y yo aprovecho para ir a la gasolinera que hay al lado a refrescarme y a comprar algo. Pienso que mañana me toca a mí. Me invade una angustia enorme y pienso que voy a escribir una carta de despedida a mis padres. Después me viene una idea: si puedo estar en la gasolinera, porque no irme más allá, escaparme.

Preparo discretamente todo lo que necesito: tengo una mochila azul, dentro le pongo un anorak, un saco de dormir, unas zapatillas de deporte y algo de comida. En un lateral hay un bolsillo y veo que hay mi monedero con toda mis tarjetas. Tengo miedo de que me descubran pero intento actuar con naturalidad. Cuando ya lo tengo todo preparado, salgo fuera, hablo con dos o tres personas (supongo que son amigos) y les cuento mi plan. Antes de que tengan tiempo de reaccionar o de convencerme para quedarme me levanto y empiezo a andar. Pero a los dos pasos pienso que me iría bien un candadito para cerrar el bolsillo con mi monedero durante el trayecto. Pienso en volver atrás conseguir el candado y correr el riesgo de que me pillen. Pero decido irme sin candado.

 

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