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Oigo un ruido en el baño, que está pegado a mi habitación (es tipo suite). Primero pienso que se ha caído algo, o que dejé la ventana abierta. Pero luego oigo risas y definitivamente es gente. Abro la puerta, con miedo pero también con un punto de enfado, y encuentro a dos de mis vecinos, en albornoz, visiblemente borrachos, limpiándose los dientes en mi baño. Me dicen entre risas que no tienen pasta de dientes y que han venido a buscar un poco, mientras se alejan por la ventana por la que han entrado.

Tiene pinta que no es la primera vez que lo hacen.

 

Estoy de viaje a USA con Eli, y vamos a ver a alguien (una prima?) en el Instituto. Hablamos con ella dentro del edificio, en el pasillo, al lado de las taquillas. Al cabo de poco tengo ganas de ir al baño y pregunto dónde está. Me señala fuera y me dice que cruce el patio. Cuando ya estoy a punto de salir, viene otra chica y le pregunta a la primera si me ha advertido de que vaya con cuidado. Pregunto de qué. Me dice que en USA, cuando las mujeres salen a la calle (calle, patio, espacio abierto al cielo digamos) hay riesgo de que en cualquier momento tengan unas “visiones” horribles. Como manifestaciones de espíritus terribles en tu cabeza. Me acerca com una toalla mientras me lo cuenta y me dice que si me la pongo encima de la cabeza a veces disminuye las visiones. La otra me calma, me dice que no tenga miedo, que puede pasar pero que a veces simplemente no pasa nada.

Miro a Eli, y pienso que él nunca deberá temer nada y me da envidia, pero a la vez me hace sentir cerca de estas chicas que acabo de conocer.

Cruzo la galería que me separa del patio y veo todas las chicas fuera, en el patio, hablando. Y me sorprende ver cómo viven sabiendo que en cualquier momento tendrán una visión horrible que interrumpirá todas sus conversaciones.

 

 

No sé com ha passat però sembla que ens estimem i que tot va bé i que potser no era com ho havia pensat ni amb qui ho havia pensat però t’agafo la mà que obre la nevera plena d’imans dins de la rulotte on vivim i tinc com una pau a la panxa que sembla casi felicitat.

Alguna notícia em deixa sense respiració. Intento agafar aire pel nas i per la boca però no entra res. I el meu interlocutor està davant meu, i al principi no se n’adona. Es pensa que és finigit o està pensant en alguna altra cosa. Però quan al cinquè intent de respirar noto que no m’entra aire, aixeca la mirada – sense fer res més que això- i jo veig que d’aquesta me n’he de sortir sola i poc a poc vaig agafant el ritme de la respiració. Sé que davant meu hi ha una bicicleta també. Miro el quadre de la bici i intento tornar a la normalitat.

El dia segueix, crec que en algun moment em fumo un porro (why not!) i al vespre recordo que es la festa de Carnaval al meu carrer. Em trobo la meva mare entre la marabunta fent de reportera amb una càmera de vídeo i preguntat a tothom de què va disfrassat. Ella va de geni de la làmpara i quan obre la boca la té plèna de confetti metalitzat. Jo vaig de tresor, però porto un vestit negre. Em sembla que el concepte és que tinc un “tresor interior”…

Em giro i veig la meva àvia Maria, camina amb bastó i porta una camiseta grisa i li han enganxat unes lletres platejades que diuen “The supremes”. Porta confetti platejat al cabell i està molt contenta.

He deixat l’iphone al seient del copilot i he tancat el cotxe mentre el netejo. Mentre estic fregant la porta del copilot per fora, veig com s’ilumina la pantalla quan rebo el missatge. És un missatge d’Spotify, de fet és un anunci, que diu que ja ha sortit el primer tema d’avançament del teu nou disc. Que es pot escoltar a través de la web del Diari Ara. Vull apagar la pantalla però tinc les mans ensabonades i val més que no toqui el mòbil, així que el miro fixament a través del vidre de la finestar i espero que es tanqui sol.

Més tard, no puc evitar obrir-lo i miro l’anunci amb més calma. A banda d’un codi QR, hi ha una foto a molt baixa qualitat dee la teva cara que és la imatge d’aquest nou single. El single es diu “L’instant” i tu no surts massa afavorit a la imatge.

Tengo que ir ahi, pero no estoy segura de que este sea el bus adecuado para llegar. A medio camino, cuando ya creo que llevamos unos 40 minutos de viaje, le pido al conductor que me deje bajar. Se extraña, pero me bajo y yo creo que internamente piensa que ya me apañaré.

En cuanto pongo un pie en el suelo de este pueblo (que parece Ripoll) sé que me he precipitado. Solo tengo mi mobil, voy en zapatillas de estar por casa (incluso diría que en pijama) y voy sin cartera (ni dni, ni pasta). Intento llamar a alguien, no recuerdo a quién, que no me lo coge. Pienso en llamar a mi família pero me da mucho palo el “ya te lo dije”. Miro en google maps donde estoy pero no sé puede ver la localización con exactitud (el mapa no se carga, o no se lee el nombre). Finalmente y por descarte, llamo a mi madre. Le cuento todo: primero como si no fuera para tanto, y viendo que no reacciona a venir a buscarme, me voy poniendo bastante nerviosa. Ha medida que avanza la conversación en la que pido que por favor me vengan a buscar antes de que se haga de noche, me cuesta respirar, empiezo a gritar y a llorar y con las pocas palabras que salen de mi boca solo alcanzo a decir “ayúdame por favor”  a gritos, mientras paseo por las calles de esta ciudad que no sé cuál es.